—¿Qué crees Remedios?
—¿Qué?
—Por ahí dicen que Ana, la hija de Doña Mary, es una cualquiera. Hasta zorra le andan diciendo entre los chavos.
—Ay, no me digas.
—¿Y sabes por qué? Porque el otro día la vieron salir a las tres de la madrugada con la blusa bien transparente con el doctor Trejo.
—¡Qué desfachatez!
—¡Ya sé! Y no sabes cuantas ganas tengo de contarle a ca’ Mary.
—Ni te metas, luego te acusan de chismosa.
—Tienes toda la razón. No vayan a pensar que le tengo envidia.
—Jamás. Tu marido será un bueno para nada, pero más detallista que el doctor Trejo sí es.
—¿Y tú cómo sabes?
—Pos una sabe, coma. Lo que se ve, no se juzga.

